Ecos de realidad: juegos deportivos

Imagen de Charis Tsevis

Existen, bien diferenciados y fáciles de ser apreciados, dos vertientes principales en cuanto a lo que videojuegos se refiere. Por un lado la ficción pura, la encarnación de un personaje irreal que nos brinda la oportunidad de experimentar situaciones imposibles de llevar a cabo en el día a día. Por otro está la simulación, difícil de alcanzar salvo para las figuras que practican esta realidad simulada, pero más cercana a las posibilidades físicas. Me permitirán que encuadre a excepción de uno todos los tipos de juego en la primera rama, mientras que en relación directa con la simulación dejo los —también abundantes— videojuegos deportivos (los que no poseen un evidente carácter arcade, claro).

En los deportes nos cansamos físicamente, con los videojuegos lo hacemos más de forma mental. Los deportes colectivos son trasladados a un único poder de control, a un solo jugador. Puesto que los deportes conllevan un esfuerzo físico sin el cuál no existiría deporte, practicarlo en un videojuego, pese a llamarse simulador, no tiene nada que ver (mención aparte para Wii y demás detectores de movimiento, cuyo fin es mimetizar el deporte representado, siendo mejor opción practicarlo realmente). ¿Por qué digo entonces Ecos de realidad en el título? ¿A qué me refiero al decir que en los juegos deportivos existen reflejos de lo suplantado? Lo hago a la profundidad de estos deportes, a sus valores fundamentales, que sí pueden ser vividos y son, en esencia, los que dictaminan si un simulador es bueno o malo.

Tenemos los videojuegos de fútbol donde (aunque ahora hay diferentes modos de  juego) encarnamos no solo a un futbolista, sino a todos ellos, a un equipo al completo. El valor y esfuerzo individual deja de tener sentido, no se busca representar lo personal del deporte, sin embargo si encontramos sus características clave: la consistencia y la calma. En el recorrido y evolución del videojuego los juegos de fútbol se han ido acercando cada vez más a nuestro concepto real del deporte, y esto no ha sido gracias al avance gráfico o al detallismo técnico, sino a la construcción de la forma del deporte como algo general. Si en los FIFA ’95 o ’98 o los ISS Pro podíamos dedicarnos a correr con un único jugador arriba y abajo, o acabar con disparatados marcadores de 15-12, en las actuales ediciones se intenta por todos los medios parecerse lo máximo a un partido real, y esto conlleva dificultad para traspasar la defensa, tiros desviados, lentitud de juego… Pero además también deriva en problemas cercanos al deporte, como la frustración, la angustia o la injusticia.

Me he centrado en el fútbol por aquello de que mueve masas, pero los ejemplos existen y son ampliables a todos los demás juegos deportivos. En los NBA destaca la concentración sobre el resto, perdiéndola por un momento y encontrándonos 8 o 10 puntos por detrás del rival. En los Tony Hawk o Skate (más la última serie) la perseverancia es un valor clave, destrozando tu personaje contra el suelo mucho más de lo que podrías resistirlo en la vida real. Fight Night Champion (menciono solo este por ser el primer juego de boxeo que pruebo, y con el que me estoy llevando una gran alegría) nos enseña la importancia de una buena estrategia, de la contención en el ataque y el conocimiento de nuestro propio estado y posibilidades. Los juegos de golf como los de la serie Tiger Woods representan el peso de las decisiones y su acumulación y carga en una única oportunidad. Virtua Tennis o Top Spin no son juegos digeribles para todos, principalmente por su repetitividad y la constancia que requieren, aunque ofrecen también los mismos picos de emoción que el deporte. Incluso los detectores de movimiento que mencionaba antes tienen un pequeño atractivo en relación a lo tratado: la simulación de la técnica.

¿Qué intento decir con esto? Nada en absoluto, es un repaso de lo evidente, aunque está bien recordar por qué los videojuegos deportivos tienen algún sentido aún existiendo la posibilidad de practicar realmente ese deporte, y cómo la pasión por su práctica no es incompatible (sino que lo es totalmente) con su representación y disfrute en un videojuego.

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